viernes, 14 de marzo de 2014

FIMOSIS Y BUENAS PRÁCTICAS SANITARIAS


Hoy he llevado a Juanito a la las vacunas de los 3 años. Le tocaba también revisión del niño sano con la enfermera.

Juanito ya tiene una edad y una madurez en la que se merece un respeto por parte no sólo de sus padres, sino de todos. En esta sociedad los niños son ciudadanos de segunda, con derechos de segunda, y nadie se molesta por ello. Es que ni siquiera nos damos cuenta. El problema es que cuando te paras a pensarlo un poco y empiezas a ver las cosas con otros ojos, pues te llevas malos ratos y te indignas por cosas que a los demás les parecen tonterías. 


Me explico: yo creo que Juanito se merece que le digamos las cosas (adaptadas, claro), que no le mintamos (sino que le edulcoremos un poco la verdad), que intentemos conseguir su permiso para hacerle cosas molestas. ¿Permiso? qué locura, dirán muchos, cómo te va a dar permiso un niño para que le pongas una inyección.


Bueno, pues algunos niños te sorprenden. Al final siempre queda el recurso de obligarlo, pero oye, es que no nos cuenta tanto intentarlo, y esa muestra de respeto yo creo que le enseñará a respetarse a sí mismo y a los demás. Reconozco que yo al final he recurrido a chantajearle vilmente con un gusanitos de premio si se portaba bien y aguantaba un poquito. Pero oye, al menos lo he intentado. Es un bendito y ha colaborado un montón. Me gusta que sea obediente, ya digo que es muy bueno. Pero no me acaba de gustar que esté interiorizando que portarse bien es obedecer y estar calladito, no quiero que sea un sumiso incapaz de impedir abusos como lo he sido yo. Pero creo que cuando vaya creciendo un poco más, aún tengo tiempo de inculcarle que su opinión también es importante y que portarse bien no siempre significa estar calladito, no llorar y hacer lo que digan los demás. 


Bueno, pues la consulta ha ido bien, o eso creía. Con el pinchazo lo hemos tenido que sujetar un poco y ha llorado un poco, pero apenas se ha resistido el pobre. Lo han desnudado y lo han explorado, y se le notaba un poco cortado y asustado, el pobre, pero ha colaborado un montón. El problema ha venido cuando la enfermera le ha explorado el pitillo.


La enfermera que nos ha atendido era una chica cariñosa con el niño y creo que buena profesional, bien formada y con experiencia.

Pero cuando le ha explorado el pene ha comentado:

-Uy, tiene bastante fimosis -y le ha empezado a tirar un poquito del prepucio hacia atrás.

-Sí, ya- a mí esto no me preocupaba demasiado, porque recordaba haber leído hace tiempo que la mayoría se resolvían por sí solas con los años, que lo mejor era no dar los clásicos tirones.
-Sí, lo tiene muy cerrado ¿a ver?- y ha seguido tirando, hasta que el niño, que estaba aguantando el pobre, ha empezado a llorar asustado. 

Ver esa cara de dolor y de susto (en plan "pero ¿esto qué es, qué pasa, por qué me hace daño ahi?") no me ha gustado un pelo. Verle sangre después, tampoco.


¿Por qué? Porque no le ha explorado el pito, no. Le ha dado un pequeño "tirón". Y no ha pedido permiso. A nadie. Ni al niño, ni a la madre.


Estoy aburrida de decir que los sanitarios tenemos que cambiar el chip de una vez. Que los tiempos bárbaros de "el médico decide y actúa y el paciente no sabe lo que le conviene" acabaron. Que existe una Ley de Autonomía del paciente. Que las personas, incluidos los niños, tienen unos derechos y una dignidad. Se merecen un respeto. Vamos, el mismo discurso que suelto cuando hablo de las episiotomías "sin permiso". Es que me indigno toda, oye. 


Después ha avisado al pediatra, que lo ha explorado y me ha recomendado que le eche una crema de corticoides durante unas semanas y que le siga dando tironcillos. Vale, de acuerdo, de todos modos ya no me queda más remedio.


Sinceramente, creo que si me hubiera explicado eso antes y me hubiera pedido permiso para darle el tironcillo, yo le habría dicho que vale, que sí. O no, tal vez le habría dicho que quería pensarlo un poco (tampoco había prisa, no?). 


Y como soy una tímida tonta y sumisa, ni siquiera he caído en decirle estas cosas en la consulta. Me he despedido con un "muchas gracias" y tan contentos. 


Luego llego a casa y el niño llora cuando hace pipí. Lo hemos bañado para que la heridita esté limpia y no me dejaba tocarle el pito, le dolía. Me he imaginado mis próximos días intentando seguir dándole tironcillos y me he acordado de la familia de la enfermera. Y luego me pongo a leer un poco las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría y me encuentro esto:


"Tradicionalmente se ha venido recomendando la retracción traumática del prepucio (el conocido tirón) que además de resultar extremadamente doloroso contribuye muchas veces a generar cicatrices que empeoran la situación. Esta práctica debe ser ya desterrada definitivamente."

Fuente: http://enfamilia.aeped.es/temas-salud/que-es-fimosis

Ea, pues más me jode el asunto. Que vale, no me voy a rasgar las vestiduras por este párrafo, ya sé que pediatría no hay verdades absolutas y sé que hay muchos pediatras que aconsejan mejor ir dando tironcitos y crema de corticoides. Creo que es una opción válida, seguro que al niño le va muy bien con los corticoides y todos tan contentos. Pero oye, es nuestra decisión. Que no son modos. 


A pesar de su amabilidad y sus buenas intenciones, lo que ha hecho esta enfermera es una falta de respeto hacia el niño (que no se lo esperaba) y hacia los padres (que no nos ha consultado primero). He dicho. 

viernes, 10 de enero de 2014

Mu loca

Rompo mi inactividad blogueril para dar una noticia: que estoy mu loca. 

No muy loca, no. 


"Mu" loca, que suena así como más loca y más inconsciente.


¿Por qué? 


Porque aunque muchos días siento que esto de la maternidad me desborda; aunque la mayor parte del tiempo no doy abasto con dos niños tan pequeños; aunque anhelo unas vacaciones en soledad. Aunque a veces pienso que no tengo madera de madre ni disfruto como debería de la maternidad... 


A pesar de todo esto, tengo momentos de debilidad mental en los que me planteo cosas mu locas. Cuando veo a mis niños jugando juntos (en realidad se pelean casi todo el tiempo), cuando los observo abrazarse, besarse. Cuando se duermen juntos, pegaditos a mí,  en la "cama gande" y disfruto de un momento de paz y felicidad... En estos momentos me enajeno, me vengo arriba y le digo a mi marido:


-¡Vamos a tener otro!


Al día siguiente, cuando empezamos otra vez con la vorágine de cansancio, gritos, no dar abasto y querer huir lejos, pues suelo cambiar de opinión.


Pero claro, sólo hace falta un momento de enajenación mental y un marido dispuesto. Sólo hace falta una vez, una sola. 


Y así, me he embarazado otra vez. 


Y como soy "mu" loca y "mu" inconsciente, además de acojonada, nauseosa y somnolienta, estoy muy ilusionada.

viernes, 4 de octubre de 2013

Me compensa

Esta mañana volvía a casa en el tren, relajada, pensando en mis cosas después de una guardia ajetreada, y no he podido evitar autocompadecerme un poquito. 

Porque hace unos años podía dedicar este día a dormir, a vegetar en el sofá viendo series, o incluso a irme de compras. Esto último no lo recomiendo, por cierto, porque con el cansancio y la somnolencia acabas comprando mucho y raro. Y te puede pasar que al día siguiente, con las neuronas ya descansadas, saques las cosas de las bolsas, te horrorices y después te preguntes "¿pero en qué estaba pensando?".

Pero bueno, a lo que iba, que ahora que tengo dos niños en casa y un marido que me mira mal si me tiro en el sofá en lugar de ayudar un poco, pues nada, que se acabó el saliente descansado. 

Y ahí estaba yo, lloriqueando como una tonta porque echaba de menos las comodidades de mi vida pre-hijos, cuando ha llegado la compensación. La primera de mi gorda, que en cuanto he abierto la puerta se me ha lanzado a los brazos (a las tetas, más bien, pero me gusta creer que me quiere por algo más que mi cuerpo... ;P ). Y la compensación definitiva, la que me ha terminado de dar el subidón de felicidad, la sonrisa de Juanito cuando lo he recogido en la guardería. Estaba en el otro extremo de la sala jugando y, cuando me ha visto a mí (siempre lo recoge su padre) se le ha iluminado la cara y ha corrido a recibirme con un abrazo. Y me ha mirado como si yo fuera lo más maravilloso del mundo. 

Que le den a las comodidades sin-hijos. Las cosas buenas de la maternidad, por suerte, compensan con creces.

domingo, 28 de julio de 2013

Historias de mastitis.

Ahora que estoy rotando en la eco de mama pasan por mis manos, muy de refilón, algunas historias de lactancias.

El otro día le hice a una chica un control por una mastitis complicada. Ya no se veía absceso, pero me contaba la chica que aún le dolía y le supuraba por donde le hicieron el drenaje. Hablando con ella, me contó que todo empezó cuando destetó a su niña, que ya tenía un añito.

-Me dieron las pastillas, pero se me hincharon mucho mucho los pechos. Me dolía un montón. Y luego ya me dio la fiebre.
-Pero ¿no te sacaste nada de leche?- le pregunté yo.
-Pues no.

No quise indagar más porque no vi a la chica muy receptiva y tampoco sé cómo se hace el destete con pastillas. Pero me pareció que esta chica había tenido una mastitis brutal a consecuencia de una ingurgitación no tratada. Una faena, vamos.

No sé los motivos que la llevaron a destetar así a las bravas, y tampoco sé si en el centro de salud le aconsejaron que no se sacara nada de leche o es que ella fue así de bruta. Pero historias como ésta las escucho con relativa frecuencia, y son un ejemplo de lo poco que sabemos de lactancia en general.

Otro ejemplo. Hace casi un mes llegó otra chica. La mandaban porque se palpaba un nódulo. Estaba dando el pecho también a una niña de alrededor de un año.

-Ya no me noto el bulto- me dijo- parece que al final era una mastitis. Es que no sabía que había que hacerse masaje, me lo dijo una amiga. Y al final, con el masaje y los antibióticos se me ha quitado.
-Me alegro.
-Pero ya estoy preocupada, porque es la segunda que tengo.
-No te agobies, es más frecuente de lo que parece. ¿Te han hecho cultivo de leche?
-...mmm, no.
-Pues si te diera otra vez, pídele a tu médico que te lo haga.
-Bueno, es que mi ginecóloga me ha dicho que si me da otra vez, ya voy a tener que destetar.

Aquí hablé antes de pensar, con la sangre caliente empujando mis palabras.

-Pues eso NO es así.

Se me quedó mirando. Igual que mi compañero, que estaba sentado a mi lado (me temo que la fama de loca de la teta ya no me la quita nadie...) 

Pero es que no lo pude evitar, porque estas cosas me tocan la moral. Después intenté moderar mi argumento.

-Lo que quiero decir es que no es la única opción. Si las mastitis no están complicadas, ni son por algún bicho raro, no tienes por qué. Otra cosa es que tú quieras destetar, claro, porque estés cansada o molesta.
-Bueno, yo no quiero destetar.
-Pues entonces no es imprescindible que destetes. Mira, aquí cerca hay un grupo de lactancia. Esta es su dirección. Pásate por allí, que son muy apañadas y te pueden informar mejor.


Después me arrepentí un poco del rollo que le había soltado. Porque no era el sitio y el momento. Y porque nuestra relación con los ginecólogos es muy buena y tengo miedo de lo que esta chica le pueda decir a su gine cuando vaya con los resultados. Espero no haberme buscado un problema. 

En fin, que me temo que los problemas de lactancia siguen un poco huérfanos en el sistema público de salud. O te toca un profesional que sepa del tema o te toca buscarte la vida. Una pena. 

jueves, 25 de julio de 2013

Sin tiempo.

Llevo ya un mes trabajando. 

Y no paro. Entre las guardias, los niños y las malas noches, no saco apenas tiempo para conectarme un ratico a la blogosfera. Me apena tener el blog abandonado, porque hay muchas cosas de las que me gustaría hablar, muchas anécdotas que me gustaría contar. Mis niños están creciendo, estamos viviendo nuevas experiencias y cosas bonitas que me gustaría dejar por escrito. Para no olvidarlas, para recordarlas cuando pasen los años o cuando tengamos una mala racha. También tengo muchas reflexiones que me gustaría compartir, escuchar qué pensáis otras madres, desahogarme... 

En fin. Que me gustaría escribir por esos mismos motivos por los que abrí el blog. Pero que no me da la vida. No me da. 

Intentaré pasar por aquí de vez en cuando a dejar al menos algunos retazos de las cosas que me bullen por la cabeza. Intentaré también visitar de vez en cuando otros blogs y saludar.

Entretanto, feliz verano. 

martes, 23 de julio de 2013

Convulsión febril.

Mi gorda nos dio un buen susto hace unos días.

Aprovechó que yo tenía guardia para empezar a ponerse malilla, con fiebre y decaimiento general. A la mañana siguiente, cuando llegué a casa, me la encontré algo peor, seguía con fiebre y estaba penosilla. 

Recuerdo que acababa de cogerla en brazos y de tomarle la temperatura: 38,5ºC. Como además estaba quejosa, le pedí a mi Santo que me preparara un chute de apiretal. Pero antes de llegar a dárselo la niña hizo como un espasmo generalizado.

“Dios mío, va a convulsionar” pensé. Pero entonces, de repente, se quedó flácida. Tenía la cabeza echada hacia atrás y los ojos desviados hacia un lado. Y no reaccionaba. 

No me miraba. No respondía a mis llamadas. Y, durante unos segundos de angustia, me pareció que no respiraba.

Me asusté mucho y le dije a mi marido que llamara al 112. 

Por suerte, para cuando llegó la ambulancia, la niña empezó a reaccionar. Vomitó y acto seguido se echó a llorar. Del alivio de verla llorar y respirar y mirarme de nuevo, a punto estuve de ponerme a llorar yo también.

Al llegar a urgencias nos atendieron muy bien. Nos tuvieron en observación durante unas horas. Tras bajarle la fiebre, la niña se puso como una pera, a echarme risas y buscar juego. Cuando la vi sonreír así, de nuevo me dieron ganas de echarme a llorar.

La pediatra me tranquilizó también. Por lo que yo le explicaba, le parecía una crisis convulsiva febril típica. Probablemente había durado sólo segundos, y el resto del tiempo fue el estado postcrítico.

“Ah, el estado postcrítico, claro”. Poco a poco, mis conocimientos de medicina volvían a mí.

-Probablemente la dificultad respiratoria que le has notado ha sido porque tenías a la niña boca arriba- me explicó la pediatra.
-Pues sí, la tenía boca arriba.
-Bueno, es que con la relajación muscular la lengua se va hacia atrás. Durante el período poscrítico hay que ponerla de lado y mantener la calma.

“De lado. Claro. Pero qué torpe soy. Dios, deberían quitarme el título”.

-Vaya, entonces me he pasado de histérica, ¿no?. Es que al ver que no respiraba me he agobiado y pensaba que estaba haciendo un broncoespasmo o algo. Vamos, que si llego a tener adrenalina en casa se la pongo, jejeje... 

...al ver que la pediatra empezaba a mirarme un poco raro, hice un último intento de no parecer una loca:

-...ejem, estooo, es que estaba nerviosa, no pensaba con claridad...
-Vale, vale. No te agobies, es que las crisis convulsivas asustan mucho. Es normal.

Sí, ya, normal. Lo que es normal es que las madres seamos un poco (o un mucho) histéricas. Da igual a qué te dediques, o que sepas un poquillo de medicina. Cuando se trata de tu bebé, nada te libra de alarmarte, agobiarte y movilizar un helicóptero si hace falta...

miércoles, 19 de junio de 2013

Cómo no ser un padre ÑOÑO.

"Post no patrocinado que si gano será bien remunerado. Ata Arróspide regala su libro dedicado a quién le haga la crítica más demoledora y divertida. Con un par."

La desmadrosa ha organizado un concurso. Consiste en hacer una crítica "destructiva" de un capítulo de este libro: 



Como la marca me gusta (Juanito tiene varias camisetas), criticar también me gusta, (sobre todo desde el anonimato, jejeje), y ganar una de las chequeras que se sortean me gustaría aún más, pues me he animado. Aquí os dejo mi crítica:


Estimado escritor, siento decirte que eres un ñoño. Un ÑO-ÑO. Un ñoño encubierto, que va por la vida dándoselas de Noñoño, presumiendo con los colegas en plan: “eh, tío, mira qué moderno soy, que no visto a mis hijos de color pastel ni con trajecitos de piqué. Soy un padre Noñoño, ¿a que molo?”

Pues no, no molas.

Porque en el fondo eres un ñoño encubierto. Te haces el Noñoño para sorprender, romper y vender. Pero amigo, la ñoñería no está sólo en el vestir. Y por muchas camisetas chulas que le pongas a tu niño (porque las camisetas son chulas, eso sí) se te nota la ñoñería. ¿Que por qué digo esto? Te puedo dar unas cuantas razones:

1. ¿Qué clase de persona evita usar la palabra CAGAR? No me digas, seguro que también eres de los que no se tiran pedos delante de su mujer. Ñoño.

2. ¿Que el baño es un refugio secreto para descansar de los niños? ¡Jajajajajajajajajajajajajajajajajaja! Ayy, espera que tome aire…ya puedo seguir:

¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!

3. ¿Que intentemos evitar cagar con el niño en brazos? Te estás delatando tú solico. Esto es un consejo para ser padres Ñoños. O para padres imaginarios. Porque en el mundo real, muchas veces no nos queda más remedio que usar el baño con el niño observando.

Y cuando eres un verdadero padre Noñoño, hasta puede tener su gracia. Por ejemplo, cuando mi marido va al baño, el niño se suele ir detrás. A observar cómo planta un pino. El padre le pone caras de estreñido y el niño le imita. Y se echan unas risas. Eso sí es ser Noñoño.

¿Sigo? Mejor lo dejamos así, que no quiero avergonzarte más. Suerte con el libro, pero a mí no me engañas. Ñoño, más que ñoño.

domingo, 16 de junio de 2013

Diario de Lagorda: Feliz cumpleaños.

Esta semana mi pequeña ha cumplido un año. Su primer cumpleaños. El primer aniversario de aquel parto que tanto me gusta recordar. 




Ha sido un año de intimidad y mimos, de crianza "a demanda". Un año de ilusión y muchas primeras veces. Nuestro primer año como familia de cuatro. Un año de adaptación, cansancio, falta de sueño y... más falta de sueño. ¿Se puede morir de "falta de sueño crónica"?

No hemos hecho grandes celebraciones. No ha habido decoración, temática, ni otras historias. Sólo la familia, regalos y una tarta. Bueno, varias tartas. Porque tenemos a la familia un poco repartida y lo hemos celebrado dos veces. Y porque me gusta hacer tartas. He aprendido estas semanas y me salen ricas. No es que sean nada del otro mundo, qué va, son muy básicas: una plancha de bizcocho, crema pastelera, otra plancha de bizcocho y chocolate por encima. Mucho chocolate. Y una vela.

La niña ha estrenado el año echándose a andar. Llevaba ya algo más de una semana dando pasitos de la mano y, de vez en cuando, algún pasito suelto ella sola. Pero al día siguiente de cumplir el año, se ha envalentonado del todo y se ha soltado a caminar sola. Un poco tambaleante, eso sí. Su frente, con dos chichones, es muestra de ello. 

Juanito ha aprendido a cantar el cumpleaños feliz y se lo ha cantado varias veces durante toda la semana. Como en esta casa somos muy bilingües, mi Santovarón le estaba enseñando a cantarlo en inglés. Pero como en esta casa también somos un poquillo catetos, al final se ha quedado en una versión mixta, también conocida como "Cumpleaños tu yuuuu". La niña mientras daba palmas, con una sonrisa de oreja a oreja. Y cuando terminaba la canción, aplaudían los dos. Más bonicos... 

miércoles, 12 de junio de 2013

El 8J: envidia envidiosa

Estos días las historias de mi blogroll tienen un tema estrella: el 8J, la megadesvirtualización bloguera, el evento del año.

Tiene pinta de haber sido la leche. Llevo un rato leyendo las experiencias de otros blogueros conocidos y me da envidia envidiosa de no haber podido vivir esta experiencia desvirtualizadora. 

Miento. En realidad, aunque hubiera podido, creo que no hubiera ido. Soy muy tímida y... tantas blogueras juntas, muchas de ellas blogstars, intimida. Intimida un montón. Tal vez para la próxima me atreva... si es que sigo por aquí, que tengo el mundo bloguero muy abandonado.