miércoles, 17 de octubre de 2012

Las señoronas de los semáforos


Toda mamá con carrito conoce a las señoronas de los semáforos. Esas señoras de pelo cardado, collar de perlas y mucho mucho tiempo libre, que por las mañanas salen a pasear cogidas del brazo en busca de entretenimiento.  

Mientras sus maridos se sientan junto a alguna obra pública a quejarse de “lo mal que está quedando la calle”, estas señoras comienzan su rutina matutina: en primer lugar, la peluquería (a que les recoloquen el cardado al mayor diámetro posible). Luego, toca misa de once. Y al salir de misa se van a pasear sin rumbo fijo. Como tienen el reloj biológico en “modo abuela”, uno de sus pasatiempos favoritos es “examinar a los bebés” que se cruzan en su camino. 

Yo me las suelo encontrar cuando salgo con Lagorda a hacer algún recado. Sobre todo si llevo prisa. Y si, con las prisas, llevo a la niña en pijama debajo de la mantita, entonces me las encuentro fijo. 

Una vez me han visto, indefectiblemente adaptan su dirección a la mía para poder ir observando a mi niña y esperar la oportunidad de empezar su interrogatorio. Intento no ser maleducada (al menos no demasiado), así que les sonrío y acto seguido pongo el turbo que me las piro. A veces consigo despistarlas; soy más joven y más rápida. Pero ellas tienen un elemento poderoso a su favor: los semáforos. El semáforo en rojo es su mejor aliado. Se acercan despacio, tranquilas y sonrientes, a sabiendas de que su presa está ya acorralada.

-¡Ay, mira el nene, pero qué bonico es!
-Yo- Gracias. Pero es una niña (o es que no ve usted el vestidito rosa que lleva...)
-Ah, es que como no lleva pendientes...
(y los zapatos con moñas y mariposas, ¿tampoco los ha visto?)

Se suelen quedar un ratito con la mirada inquisidora clavada en la madre desnatularizada que no le ha puesto pendientes a su niña, esperando que les dé una explicación. A lo que yo he optado por contestar con un socorrido:

-Ya. 

Viendo que a ese tema no le van a sacar más miga, comienza el turno de preguntas y consejos.

-¿Y qué tiempo tiene? (qué madre hay a la que no le hayan hecho la pregunta estrella)
-Tres meses.
A lo que invariablemente sigue la respuesta estrella: pues qué grande está.
-Gracias. (en realidad no llega al percentil 15, pero le agradezco la mentira piadosa).

-Mírala cómo se restriega los ojos, pobrecita, parece que tiene sueño-dice una.
-No, yo creo que es hambre-replica la otra.
-¿y no tendrá frío? 
(Bueno, pues cuando lo decidan si eso me cuentan) Pienso yo.

Pero, por suerte, los semáforos no están en rojo para siempre.

-Está verde. Venga, venga, no te entretengas más.
-Eso, eso , date prisa, que la niña tiene hambre.

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