domingo, 16 de diciembre de 2012

El parto de Juanito (II)

Continuamos el relato de mi primer parto, tal como lo escribí en ese momento. Bueno, no justo en ese momento, después de parir al niño se entiende. Ah, y me dejo de conversaciones conmigo misma que voy muy justa de cordura para andar derrochándola así.

Contaba ayer que me ingresaron de madrugada por rotura prematura de membranas y que pasé aquella primera noche en el hospital con contracciones irregulares. No muy muy dolorosas, pero lo suficiente para no pegar ojo. A la mañana siguiente...


Decidieron inducirme el parto con progesterona intravaginal. La ginecóloga me explicó que las contracciones me dolerían más.  Me enviaron de nuevo a la habitación indicándome que en cuanto las contracciones fueran rítmicas cada 5 minutos, avisara.

Bueno, pues aquí empezaron las horas más difíciles. Durante el resto de la mañana las contracciones fueron aumentando en intensidad poco a poco...pero eran irregulares. A veces cada 5 minutos, a veces cada 9. A veces soportables, a veces realmente dolorosas...tanto que me daban náuseas...que no podía evitar gemir...que no podía moverme, ni pensar...que sentía que iba a perder el control y tener una crisis de nervios. Por supuesto mi marido no me podía tocar ni hablar cuando me venían. Ninguna postura me aliviaba. La única idea en mi cabeza durante esos momentos era aguantar un poquito más hasta que pudieran ponerme la epidural (no te la pueden poner hasta que el parto no se ha iniciado "oficialmente"). Recuerdo que cuando llegaron mis padres estaba llorando desconsolada tras una contracción. Estaba cansada y desanimada.

De pronto se aceleró todo: las contracciones empezaron a ser un poco más seguidas...también más dolorosas. Apenas tenía tiempo de recuperarme entre una y otra. Avisé a la matrona para que, por favor, por favor, por favor, me reconociera de nuevo. El rato que tardaron en llevarme al paritorio no quiero ni recordarlo. Intenté ducharme y casi me caigo varias veces.  Cuando ¡por fin! llegó el celador con la silla de ruedas para llevarme al paritorio, ya estaba francamente desesperada. Eran las 6 de la tarde.

De hecho, la matrona, al verme entrar, tan sólo con mirarme a la cara, dijo: "esta chica está de parto". Y cuando, después de hacerme el tacto vaginal, añadió: "Vamos a hacer una cosa. No puedo tocar bien el cuello, te duele mucho. Así que, si te parece, te ponemos la epidural y te exploro con más tranquilidad después"...al escuchar estas palabras ¡quise ponerle un monumento!. ¡Y cuando el anestesista apareció tan sólo 5 minutos después, quise ponerle otro monumento a él! Bueno, la verdad es que todo el equipo se portó muy bien conmigo, he tenido suerte en ese sentido. Tanto ginecólogos, matrona, enfermería de planta, todos han sido cariñosos y muy profesionales. Estoy muy agradecida.

Ahora repetiré otras palabras muy mencionadas por muchas mamás: BENDITA EPIDURAL. Uno de los mejores inventos de la humanidad. Dice mi marido que a los pocos minutos de ponérmela me cambió la cara por completo. No sé que hubiera sido de mí sin ella. Me venía a la cabeza la historia que mi madre me había contado de mi nacimiento: dice que le dolía tanto que se tiraba al suelo de desesperación; y que al final estaba tan sumamente agotada que no podía empujar, la tuvieron que dormir y sacarme con forceps. Así que, como decía, en mi caso, con respecto a la epidural, no había mucho que meditar. Tal vez el ponérmela influyó en que mi expulsivo fuera tan largo, no sé; pero, en cualquier caso, el beneficio compensaba los riesgos.

Terminé de dilatar a las 12 de la noche. Hasta ese momento, disfruté de las horas más agradables de mi parto. Notaba las contracciones, podía mover las piernas, pero no sentía dolor. De hecho, hasta me quedé dormida un rato.

Y aquí empezó el otro momento complicadillo de mi parto: el expulsivo. Bueno, al principio iba muy bien: no me dolía, el ambiente era tranquilo, la matrona me dejó colocarme como quise y empujar cuando sintiera ganas. Yo pujaba con todas mis fuerzas, sentía incluso cómo iba bajando la cabeza con cada esfuerzo. Sin embargo, cuando la cabecita (o mejor dicho cabezón, por lo que costó sacarlo) estaba ya casi asomando la cosa se atascó. Empujaba y empujaba, cambiamos de postura, las matrona me decía que lo estaba haciendo muy bien...pero nada, no llegaba a coronar...comenzó a doler más y las fuerzas ya me empezaban a fallar. Al final, cuando llevaba casi 3 horas de expulsivo la matrona llamó a la ginecóloga y luego todo pasó bastante rápido (gracias a Dios).

Llegó la ginecóloga, preparó la ventosa, el instrumental quirúrgico para la episiotomía y la matrona se colocó a mi lado, junto a mi abdomen. No me gusta la maniobra de Kristeller (cuando te presionan con fuerza el abdomen para ayudar al niño a salir). De hecho, me había estado dejando los higadillos poniendo todo mi esfuerzo en pujar para evitar acabar así. Pero estaba agotada y se recurrió a todo esto como último recurso. Fue un rato malo. 

El momento en que ¡por fin! salió la cabecita y vi a Juanito, todo pringoso y morado, lloré. Lloré de alivio de que todo hubiera terminado y de alegría de verlo al fin, con tanta vitalidad...es difícil de explicar. Creo que estaba tan saturada de emociones, esfuerzo, agotamiento... que lloraba de todo.

Me lo pusieron enseguida sobre mi pecho, piel con piel. Mi cosita chiquitita, tan frágil, con los ojos tan abiertos, moviendo sus bracitos y sus piernecitas igual que hacía cuando estaba dentro de mí, buscando mi pecho como un cachorrillo... Ese momento hace que todo merezca la pena.

6 comentarios:

  1. Cariño decirte que al leerte lo he vivido intensamente y se me ha escapado la lágrima y es que es un momentazo y que la naturaleza es sabia y hace que aunque sufras mucho después el fin recompense todo y se te olvide el sufrimiento ayyyyy que bonito cielo. Ahora me gustaría saber que tal te fue en el de la gorda ;) besotes

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    1. Gracias, Nuria. A ver si cuento el de la gorda. Ese segundo parto me demostró de que se puede parir de otra manera si ponemos todos de nuestra parte. Los profesionales sobre todo, pero también las madres. Fue emocionante y bonito. Un abrazo.

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  2. Aaaahhhh!!!! qué suerte!!! yo no quiero ni imaginarme qué le haría al equipito médico que me atendió...malvados!!! pues mira..tienes buen recuerdo al menos y pudiste coger al bebé y sentirlo y todo esto tan bonito que cuentas. hay que ver lo largos ue pueden ser los partos y lo buena que es la epidural eh?? jajaj

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    1. Muchas gracias. Tuve suerte, sí. Aunque luego, con el tiempo y pensando y leyendo mucho sobre el tema, me di cuenta de que no fue un parto tan bueno. A ver, me trataron con mucha amabilidad, pero no me pidieron mi opinión para determinadas cosas y tuve un expulsivo instrumentado y feo en el que me sentí agobiada y con ganas de terminar. Al niño me lo dieron enseguida, sí, pero primero se lo llevaron a una mesita a explorarlo, lo cual, en la mayoría de los casos, no es necesario.

      Pero bueno, que no me puedo quejar, que se oyen historias por ahí para no dormir. Lamentablemente hay mucho que cambiar en la atención al parto en España. Un abrazo.

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  3. Q recuerdos...!!! Y a la vez q acojono...!!! Mañana me ingresan pa inducirme el parto...

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    1. Pues mucho mucho ánimo y suerte. Los segundos suelen ser más fáciles. Ya sabes lo que dicen: "el canal está ya hecho", jejeje. Un abrazo.

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